Me deslizo a través de un
túnel que intenta convencerme de su negra y absorbente infinidad. Salgo de mi
engaño al llegar a la superlativa, y vacía vastedad que era aquella sala.
Podría ser descrito como un monótono y enorme espacio de luz, pero es mucho más
que eso. La oscuridad exterior impide a mis brillantes ojos impregnados de
curiosidad saber dónde estoy con exactitud aunque eso me da igual, ahora mismo
soy una partícula perdida en la inmensidad de la existencia. Un ligero pero
firme balanceo hace que el vaivén de la inercia me acune, dibujando la
trayectoria de un arco, cuya flecha salió disparada sin dirección aparente. El
vaivén cesa y vuelvo a mi posición inicial.
Cuando al fin empezaba a
sentirme segura y resguardada en aquel lugar, entró ella. Su mirada de fuego
captó mi dispersa atención al instante, atrapándome en una dulce hipnosis.
Parece no haberse dado cuenta de mi presencia ya que sus ojos divagaban por la
sala dibujando ángulos inexistentes que desaparecían a medida que sus ojos
despreocupados y orgullosos viraban de punto en punto y de esquina en esquina
analizando cada detalle con meticulosa intriga. Al igual que haría yo con cada
milímetro de su cuerpo.
La paz que me inunda me
va arrastrando hasta un trance que me lleva a la siguiente afirmación: no
estoy. Al menos no en aquel lugar, estoy en ella, divagando en su ser. Por una
razón que aún a día de hoy no logro entender, me siento exhausta, como si me
hubieran robado todo aquello que soy y que seré y todo por lo que he luchado,
por lo que tengo y por lo que no. Y no me importa. Quiero estar presente en
ella, ser la sangre que corre por sus venas y el aire que la envuelve y que
forma parte de lo más profundo de su ser.
Y así la encontré a ella,
a la palabra, a la lengua, a lo que iba a ser mi vía de escape y de expresión,
mi salvación. Ella está ahí deseando que alguien le dé forma, deseando
encontrar a quién consumir con su complejidad y enamorar con su belleza. Y yo
estoy deseando encontrarme con ella para disfrutar de sus posibilidades, sus
facetas, explotar su saber. Es lo más bello que tengo y a la vez nunca tendré. Es
mi amor. Es lo que me hace estar cuerda y lo que me vuelve loca. Prometo no
perder el interés jamás y nunca rendirme en mi ya condenado al fracaso intento
de entender las palabras. Porque al igual que mi amor hacia ellas, las palabras
son inmortales. Y es eso lo que las hace tan especiales, eso y su capacidad de
expresar todo lo que no se puede por otros medios. Es una manera de que algunos cachitos de mi
existencia perduren y con suerte, que lleguen a más almas perdidas y curiosas.
Y que se encuentren en aquella vacía y eterna inmensidad como una vez me pasó a
mí y llenarles de sabiduría y placer.
Ama la palabra
-Aurora Parra Porto